“No hay mucha idea de lo que es ser TRANS, del infierno que vivimos nosotras. Lo que necesitamos es que nos escuchen, que nos entiendan, que estén ahí para cuando lo necesitamos. A mí me tocó estar sola. Yo le diría a las niñas como yo que no se rindan, que salgan adelante, que todo sufrimiento tiene su recompensa, que todo sacrificio vale la pena el día de mañana, que se esfuercen porque en el camino nada es fácil. Eso hay que tenerlo claro.”

Una infancia en un pueblo muy tradicional

Alexandra Roussel Sánchez, de Nicaragua, vino a España con 18 años el pasado 2019. Desde sus orígenes ya vivió el abuso, la marginación y el miedo por salir de la norma. Alexandra recuerda su lugar natal, un pueblo llamado Colonia Hermano García, con una mentalidad muy tradicional, muy “chapada a la antigua”. Desde los maestros, que le reprendían por llevar cualquier atuendo que cuestionara la cis- normatividad, hasta su propia familia, que no entendían que Alexandra se sentía mujer.

Sin embargo, esto no le inhibió a la hora de educarse a sí misma; aunque a su familia le costó aceptar la realidad de Alexandra, sus dos tías, que ya habían estado en España, fueron sus “manos izquierda y derecha”, fueron las que animaron a Alexandra a estudiar, a sacrificarse y a venir a España, donde se encontraría consigo misma y como ella misma dice, “descubrir que ser yo misma puede ser real”.

El cambio

Cuando Alexandra tenía 18 años, estaba en un momento delicado. Según dice, el principal motivo de salir de su país fue el “no querer amanecer muerta, no soportar la discriminación de mi propia familia”. Su tía hizo un gran esfuerzo para que pudiera venir a España. Al llegar lo más duro fue la adaptación, pero personas como Jorge, de Kifkif, ayudaron a Alexandra en sus comienzos en España. Ahora, ha terminado de estudiar en la Cámara de Comercio en un curso intensivo de Metre de Sala, y lo ha hecho como Alexandra Sánchez, siendo la mejor alumna de todo el curso. Pero para ella su mayor logro fue graduarse siendo ella misma. Actualmente trabaja como teleoperadora, y colabora tanto con Kifkif como con la ONG “Rescate”. También quiere retomar sus estudios universitarios de Enfermería, que comenzó en Nicaragua.

Activismo en España

Desde Kifkif, Alexandra quiere ser el referente que ella nunca tuvo para todas esas niñas que están viviendo esta misma realidad. Ella misma recuerda el terror que allí sufría “no voy a decirlo -su identidad sexual- porque me pueden matar”. También colabora con la ONG Rescate. Aquí en España ya se siente una mujer empoderada. Todo lo vivido y aprendido por el camino le ha llevado hasta sus 21 años y una madurez excepcional. “Aquí en España soy yo y punto, no voy a dejar de vivir para que otro viva tranquilo… eso ya se acabó. Voy a vivir mi vida”.

La educación como pilar fundamental

Alexandra remarca desde el primer momento la importancia de la buena educación. Ya en Nicaragua, su país de origen, los propios maestros no le dejaban llevar el pelo largo, pulseras ni ningún rasgo que le sacara del sistema hetero-cis-normativo, la norma social no escrita por la cual todo aquel que reniegue de su sexo de nacimiento tanto a nivel sexual como cultural debe reprimirse y ocultarlo.

El enfoque está en la educación, en la humanización del individuo. Enseñar a los más pequeños a respetar a cada persona independientemente de su origen étnico, socio-cultural y sexual. Alexandra recalca la importancia del apoyo de los familiares a los niños que viven esta realidad.

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#TransMigrantesAlexandra, refugiada trans: “Dejé mi país porque no quería despertarme muerta”