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La primera traba que se encuentran los jóvenes a la hora de desenmascarar la desinformación es la “cultura” predominante que siguen algunos medios para hablar de las personas migrantes LGTBI. Los ejemplos más comunes, y que iremos viendo a lo largo de esta serie de artículos, son los términos “ilegal“, en referencia a una persona en situación administrativa irregular, o “condición sexual“, como si la orientación fuese una elección. Un aspecto que, en ocasiones, puede parecer inofensivo y que, sin embargo, es contraproducente a la hora de alcanzar una opinión fuera de los prejuicios.

El lenguaje es la primera conformación de nuestra opinión, prejuicios, relaciones y habilidades sociales que se manifiesta en todos los ámbitos, y que influye, sobretodo, para personas jóvenes que se encuentran en proceso de formarse. No sorprende que su mal uso pueda llevar a la indefensión frente a la manipulación que desarrollan unos métodos al alza de desinformación.

El contexto actual en el que se mueven los jóvenes para informarse de las últimas informaciones sobre el mundo, y en el caso que nos concierne sobre las personas migrantes LGTBI, es el internet en el móvil. Una herramienta que nos permite informarnos en tiempo real a través de algo que tenemos siempre a mano: el móvil. Además, nos facilita navegar con un solo click en medios de comunicación online, redes sociales, correos, empresas o asociaciones. Todo está en la red. Y las noticias falsas y rumores también. Por ello es tan necesaria la labor que vienen desarrollando Maldita.es, Inmigracionalismo o Newtral en la verificación de información a través del periodismo de datos y técnicas de fact-checking –de lo que hablaremos más adelante-, con la finalidad de buscar la máxima objetividad posible. 

En el mundo actual

Nos encontramos en un momento en el que la información o noticias juegan un papel clave en nuestras relaciones sociales, y donde la desinformación puede jugar una moneda de cambio. Normalmente las ‘fake news’ tienen datos llamativos, cuentan con titulares amarillistas y confronta distintas realidades grupales, siendo una la beneficiada frente a la otra, que es la perjudicada, reduciendo la complejidad individual a un todo colectivo que “se aprovecha” del resto. No obstante, esto se ha usado como arma arrojadiza contra revuelos políticos, subvenciones, materias escolares e, incluso, historias personales. En lo que nos concierne, las personas refugiadas LGTBI que llegan a España para pedir asilo lo hacen porque huyen de persecuciones, amenazas y asesinatos por su orientación sexual. En resumen, España es uno de los países que más avanzó en derechos sociales cuando introdujo el matrimonio igualitario. Esta realidad confronta otra más cruda: Aganistán, Irán o Rusia asesinan y/o persiguen por ser LGTBI.  

En la mayoría de bulos no se especifica la particularidad de cada país y sus políticas frente al colectivo LGTBI, al mezclar una serie de medias verdades, prejuicios y datos falsos. Vivimos una masificación de la desinformación con la utilización de las redes sociales y, cada vez más, con un menor control, todo ello con el fin de jugar con nuestras emociones y provocar la movilización de confrontaciones e impulsos mediante una información impactante y dramática. Por ejemplo, algunas informaciones apuntan a una “paga” para refugiados LGTBI por serlo. Algo incierto, ya que el Estado abarca una serie de ayudas para los colectivos más vulnerables, independientemente de su orientación.

¿Por qué se creó esta necesidad de mentir a la población? Los bulos y desinformación ya tienen muchos años, y durante muchos milenios siempre favorecieran a muchos grupos. Por lo tanto, es imperativo ser más minuciosos con lo que leemos en las redes sociales y sitios web con claros indicios de falsedad. Esto puede comenzar mediante la revisión de nuestras prioridades como personas que participan en la democracia. Hay que empezar a verificar la fuente de donde nos llega la información, la calidad de ésta –normalmente los bulos cuentan con titulares muy llamativos-, quién firma la noticia, qué emociones intenta provocar, autoría de las fotografías, si esconde un interés ideológico. Por ello hay que contrastar lo que nos llega con las informaciones publicadas, y redirigirnos a procesos de fact-checking –verificación de datos- si no hay manera de confirmar su procedencia. En caso de haber compartido una noticia falsa por redes sociales, lo recomendable es dejarlo fijado y rectificar mediante una nueva publicación reconociendo el error.

Por último, hay que referirse a que actualmente hay varios países europeos que están elaborando leyes contra la desinformación como Francia e Italia. Estas leyes exigen a las principales plataformas digitales (Google, Twitter, Facebook, entre otras) que proporcionen información transparente sobre asuntos y anuncios políticos. La intención es que evite la manipulación informática y interferencias electorales.

¡La importancia de la literacidad de los datos y los medios de comunicación es muy importante en el siglo XXI!

Durante su campaña electoral de 2018, el actual presidente del Brasil, Jair Bolsonaro, utilizó las técnicas de desinformación con sus tipos y factores, hablados arriba, y así creo muchísimos bulos y utilizó un mecanismo de difusión infalible: Whastapp. Así, buscó convencer la población contra su mayor oponente político, Fernando Haddad. En este ejemplo en particular, utilizó los sentimientos homofóbicos de su electorado, hablando que Haddad iría intentar convertir sus hijos en homosexuales. No pasaba de un proyecto del Ministerio de Educación de 2011, altura cual que Haddad lo estaba gestionando. En la realidad, el objetivo de ese proyecto era promover y respecto a la diversidad de jóvenes, y luchar contra los prejuicios y la violencia. En las palabras de Bolsonaro, este proyecto iba a compartir “kit gays” donde su objetivo sería “sexualizar a los niños” y “enseñar la ideología de genero en las escuelas de Brasil”. La desinformación no conoce límites, y ataca los colectivos más flojos y en minoría, como la comunidad LGBT o la comunidad migrante.  

¿Cómo desenmascarar la desinformación?

Para este punto es importante destacar el papel que desempeña Google. Puede sonar contradictorio y en algunos casos hay que ser lo más cuidadoso posible, ya que puede convertirse en nuestro enemigo muy rápidamente. Pero si tenemos eso en cuenta será una gran herramienta para desenmascarar las noticias falsas y con las diferentes estrategias de las que hablaré en futuros posts, todos aprenderemos a ultrapasar los trucos usados por la desinformación. Lo más importante en medio de todo esto es mantener una mente racional, informada e imparcial en todo momento, porque las noticias no siempre hablarán en contra de nuestros ideales, por lo que es muy importante mantener un ojo en todas las influencias externas que puedan estar allí. También es importante darse cuenta de que cuanto más aprendamos, más podremos transmitir estos conocimientos de interpretación de datos y redes sociales a otras personas o generaciones con mayor riesgo de influencia.  

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Tránsito Combatir la desinformación (II): Desenmascarar los bulos