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Por Marc Cebrián

“Cuando empecé mi transición como chico transexual necesitaba a alguien que me guiara en todo el proceso. No tenía información de nada. Si hoy puedo ser yo quién guíe a alguien, será un placer” asegura Haidar, quien quiere ayudar con su experiencia en la lucha de los derechos de las personas trans, para lo que aún queda mucho trabajo

Haidar es un chico transexual de madre madrileña y padre iraquí, que nació en España en 1998. Hoy habla de su historia y lo hace con la mayor de las sonrisas posibles. Hace diez días justos que le comunicaron que, previsiblemente, el próximo año se someterá a una doble operación: de histerectomía –extirpación del útero- y mastectomía –masculinización del tórax-.

La historia de su transición no puede entenderse sin viajar a sus 8 años de vida, cuando empezó a experimentar una serie de cambios que le hacían sentirse diferente al resto de compañeros de clase. Fue en este momento, cuando su padre lo secuestró forzosamente, separándolo de su madre y llevándolo a casa de su familia paterna en el sur de Irak, concretamente, en Basora. Entonces, estaba gobernando el dictador Saddam Hussein desde la rama suní del Islam y en contra de las minorías sociales del país.

Fue en este secuestro cuando Haidar vio como se le obligaba a comportarse como la niña que no era. “En esos dos años y medio que duró esta etapa, todo lo que conocía cambió radicalmente, con unas costumbres diferentes”, recuerda. Se le puso un hiyab acorde con el resto de niñas y se le impuso los códigos sociales que rigen a las mujeres. En ese tiempo dejó de jugar con juguetes “para niños” –como explica él-. Su desarrollo personal e identitario estaba siendo profundamente marcado por una sociedad donde las niñas tienen una educación -influenciada por la religión- y fuertemente separada a la de los niños. 

Este caso saltó a los medios de comunicación españoles, debido a que la madre denunció el secuestro parental , en un momento en el que no había empezado su proceso, y relataba cómo eran las condiciones humildes de su familia paterna. Las costumbres iraquíes hicieron que volviera con velo a su España natal. Un regreso que lo hizo sin hablar mal de su padre, puesto que sabe que es “su ojito derecho”.

Sus vivencias en Irak las recuerda como “la niña que le obligaban a ser”, ya que no estaba bien visto, por ejemplo, que montara en bicicleta. El colectivo LGTBI, y sobre todo las personas trans, se enfrentan a retos y desafíos legales que los obligan a vivir invisibles en Irak. Hoy en día un tema tabú y criminalizado social y políticamente.

A partir de su llegada a España, su proceso empezó a coger fuerza. “Cuando tenía 12 años conocí a mi actual pareja, que atravesaba las mismas circunstancias que las mías. Por fin pude ponerle nombre a lo que vivía”, relata. “Cuando volví de Irak, desconocía lo que era una persona trans, es algo que no te lo enseñan en ningún colegio”. Se formó por su cuenta. Con el apoyo de su relación, empezó a contactar con varias organizaciones que le dieron el nombre de su proceso: era un hombre trans. Fue entonces cuando le cambiaron a un colegio donde los niños vestían con uniformes y él pudo quitarse la falda. Se la quitó “rápidamente” y la sustituyó por los pantalones. Estaba naciendo el hombre que era: Haidar.

Tardó años en expresarlo en público y comunicárselo a su familia. La sociedad actual todavía sigue discriminando y cerrando en el armario a todo el colectivo LGTBI. Una persona trans se ve obligada a dar explicaciones y a justificar su comportamiento desde el principio, enfrentándose a múltiples discriminaciones. Mientras que las personas heterosexuales jamás se ven obligadas a ello.  

Haidar recuerda que la primera persona de la que obtuvo su apoyo fue su hermana mayor, quien le dijo que sabía quién era y que estaba esperando a que diera ese primer paso. Aquella noche lloraron. Rondaba los 18 años y eran momentos muy “agobiantes”. “Era un proceso que hice sólo, y que me guardaba para mí, a pesar de que quería verbalizarlo”, pero no encontraba las palabras. En la práctica coleccionaba un fondo de armario de ropa masculina y se gastaba la paga semanal en desodorantes masculinos. “Digo desodorantes masculinos, porque la sociedad nos ha educado así, cuando realmente no existen olores masculinos o femeninos, pero eran unos momentos que recuerdo con mucha ilusión”. 

Las operaciones que llegarán, previsiblemente, en 2021, serán el culmen de años de lucha interna y externa para poder ser quién realmente es. Cuenta su historia para poner voz y visibilizar a muchas personas que, como él, son hijos de migrantes, y que viven situaciones de discriminación y de dificultad. Gran parte de su lucha y de no rendirse se lo debe a quién hoy en día es su pareja y, también, a la primera lucha de muchas que, de forma inconsciente, inició cuando decidió tener su primer documento que lo acreditaba como Haidar: el abono transporte de la Comunidad de Madrid. Ahí derribó el primer muro de muchos.

Situación familiar

Él ya se ha aceptado a sí mismo. Sin embargo, lamenta que miembros de su familia no lo hayan hecho y se nieguen a dirigirse por su nombre. En el caso de su padre, en un principio parecía que se interesaba por su transición como hombre transexual y que le daba su apoyo, pero nada más lejos de la realidad. “De repente, cuando empecé a contarle todo el tratamiento recuerdo que me dijo que estaba contradiciendo lo que Dios tenía preparado para mí”. Abandonó toda esperanza de que lo pudiera entender, ya que ha aprendido a mirar por él. “No puedo esperar a que la gente me acepte. Tengo que mirar por mi felicidad”, zanja.

Trabas burocráticas

El primer proceso al que se enfrentó Haidar en su reconocimiento de su identidad fue cuando pidió el cambio de nombre en el abono transporte, algo que le produjo tal felicidad que fue incapaz de no subirlo a las redes sociales y compartir aquel momento tan especial. Sin embargo, eso era el principio de una larga lucha a la que se enfrentan las personas trans diariamente en el cambio de documentación y procesos administrativos.

Respecto a sus operaciones, Haidar se ha visto afectado por el confinamiento y porque se vio obligado a cambiar de hospital para someterse a ambas intervenciones, un proceso que ha podido solucionar con mucha lucha, constancia y varias reclamaciones. “El procedimiento por el que debe pasar una persona trans es muy desesperante, sobretodo a la hora de solicitar atenciones”, lamenta Haidar.

Todo ello provocó que las operaciones se pospusieran durante largos meses de espera al no ser de “carácter urgente”, según le notificaron desde el hospital. Fue entonces cuando temió por su esperado momento, ya que le pedían iniciar de nuevo el proceso, lo que implicaba otros dos años de seguimiento endocrinológico antes de incluirlo en la lista de espera, un procedimiento ilegal.

 “Le pedí a mi médico de cabecera que por favor se dirigiera a mí por los apellidos para evitar momentos de máxima incomodidad”, cuenta sobre todo el proceso. Y es que el próximo año sueña con ir al gimnasio, hacer deporte o ir a la piscina. Actividades que parecen no ser extraordinarias pero que para él lo son. “No voy a la piscina o la playa porque no deseo ponerme un top y no me apetece ni me agrada bañarme con camiseta, en cualquiera de los dos casos, la gente no para de mirarme”.

 “A las personas trans nos han dicho que todo el proceso hay que hacerlo paso a paso. Pero hay muchas formas de hacerlo, sin recurrir a un tránsito que está a día de hoy institucionalizado. Te dicen los pasos que tienes que dar para poderte cambiar el nombre, hormonarte antes, o para alcanzar las operaciones”, dice. Sobre la esperada Ley Trans espera “que se reconozca a todas las personas trans, con independencia de cuál sea su decisión frente al proceso, eso nos dará libertad para llevar nuestra identidad de género como la elijamos y decidamos”.  Y es que la ciudadanía cuando piensa en el colectivo trans, excluye la diversidad.

En Kifkif trabajamos a diario por los derechos de las personas trans migrantes, refugiadas y solicitantes de protección internacional. Desde nuestra entidad proporcionamos atenciones, grupos de apoyo y servicios para la comunidad trans, en todas nuestras áreas, con el objetivo de avanzar en el reconocimiento de nuestros derechos y libertades, imprescindibles para lograr una sociedad inclusiva en todos sus ámbitos.

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