Juan Esteban nació hace 34 años a un océano de distancia, en Colombia. Tras crecer y debido a unos problemas con grupos al margen de la ley, decidió aventurarse y migrar a España buscando un futuro mejor.

 Dejar tu país de origen nunca es una decisión fácil, hay que tener en cuenta que has construido durante años los cimientos de una vida que vas a dejar atrás.

Juan Esteban cuenta que él no tuvo miedo. Sí, se sintió perdido y su llegada a España estuvo marcada por la confusión y el sentimiento de soledad tan reconocible en los duelos migratorios, pero siempre tuvo claro una cosa: había venido a España a mejorar su calidad de vida, a dejar atrás la discriminación y la violencia, e iba a mantenerse con una actitud positiva. Reconoce ser un ser humano optimista que trata cada día de luchar por salir de su zona de confort, de intentar priorizar las cosas buenas y no malgastar energías en las malas.

No es fácil ser fuerte y positivo con un sistema que pone un obstáculo en cada paso que consigues avanzar. Llegó a España hace seis meses y, tras conseguir una primera cita que duró diez minutos, le citaron para febrero de 2023 y le explicaron que no tendría permiso de trabajo hasta agosto del mismo año, si todo salía bien. Este hecho le ha hecho buscarse la vida: “España es un país que ofrece muchos recursos a las personas refugiadas, de comida, asistencia, estoy esperando el recurso habitacional, pero tener que esperar tanto tiempo para tener ese permiso de trabajo hace que mantenerme aquí sea muy complicado”, nos comenta.

Cuando Juan Esteban acudió a Kifkif buscaba información y acompañamiento en su proceso de protección internacional, pero acabó encontrando “una oportunidad, una red de personas con un objetivo común”.

Desde esa primera cita con la trabajadora social, Juan Esteban ha participado en la entidad como voluntario en talleres de sensibilización, ha acompañado a personas VIH positivas en derivaciones hospitalarias y ha asistido a diferentes actividades de la entidad. Además, hace poco tuvo la oportunidad de ejercer su profesión (es psicólogo) e impartir un taller psicosocial para las personas del grupo de participación: “Me encuentro en mi salsa, respaldado. Me siento muy feliz de haber podido tener la oportunidad de hacer este taller y haber creado un impacto en los demás”, asegura.

Todavía queda mucho camino por delante, pero Juan Esteban lleva la sonrisa puesta y nos ha dado la mano para recorrerlo juntes. Él cree firmemente que todo cambio no es una mejora, pero que toda mejora sí implica un cambio. Seguimos.

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NoticiasJuan Esteban, el chico de la eterna sonrisa