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Vicky. Mujer trans de Honduras

Vicky es una mujer trans de Honduras, que vive en España tras haber sido aceptada su solicitud de asilo, un proceso que le costó volver a recordar sus momentos más difíciles. Una historia llena de discriminaciones, lucha, acosos y amenazas, que tiene presente en la actualidad debido al confinamiento por el Covid19. “Estos días”, cuenta mientras se preparara para empezar a trabajar en una empresa de limpieza de una residencia afectada por el contagio del Coronavirus, “me han hecho revivir todos mis fantasmas del pasado, devolviéndome a la tristeza”.

Para entender su historia hay que viajar hasta Honduras, país donde se llevan produciendo contínuos Golpes de Estado, el primero del siglo XX fue en 1957 y el último en 2009, y que han desencadenado en una oleada de odio y discriminación hacia el colectivo LGTBI, en especial, al trans. Esto ha provocado una agitación política y social hacia los colectivos más vulnerables.

Como estas situaciones iban en aumento, juntamente con el acoso, las amenazas de muerte y desapariciones, se vio obligada a abandonar su país y poder desarrollarse como mujer. “Trabajaba en una cafetería, donde por las noches, cuando cerrábamos durante los toques de queda para protegernos, escuchaba los gritos de socorro de compañeras que se dedicaban al trabajo sexual y que eran golpeadas por los policías en la calle”, explica. En una ocasión, fue testigo de como las fuerzas del Estado acorralaron a varias mujeres trans para forzarlas a tener relaciones sexuales.

“Iba a comprar a los mercados y me tiraban frutas y latas, tenía miedo a salir de casa”, aunque su mayor temor era la policía, quienes no velaban por su seguridad y protección, todo lo contrario. Vicky vivió como varias de sus amigas y compañeras de lucha por los derechos LGTBI desaparecieron, fueron abusadas y maltratadas.

También vio como algunos medios de comunicación recogían las agresiones hacia las mujeres trans como “disturbios”, ocultando la realidad transfóbica que se vive en su país.

En el Día Internacional de la Visibilidad Trans pide ser reconocida “como persona”, ya que el ser trans “no limita ninguna capacidad”, todo lo contrario, “tenemos mucho que aportar a la sociedad”. No obstante, la sociedad española todavía tiene mucho recorrido que hacer en materia de derechos trans. “En España he sido discriminada por ser mujer trans, no fue el sueño que me vendieron. Queda mucho por hacer”, explica, tras matizar que ha cursado un sinfín de cursos formativos para tener un trabajo estable con el que aplicar “la mayor de mis sonrisas y esfuerzos”.

Es importante que leyes como la Ley Trans recoja la realidad de las personas migrantes, ya que el  proceso de cambio de nombre en la documentación oficial pone obstáculos a quienes provienen de un país distinto. “Como mujer trans y refugiada me veo obligada a luchar por derechos, al menos, para que las siguientes generaciones sean más libres”, concluye.

Antonella. Ecuador

Antonella es una mujer trans de origen ecuatoriano, en concreto de la ciudad de Guayaquil. Lleva 24 años en España, aunque se “regularizó”, como ella misma dice, en el año 2000. Lleva años “desconectada” de la calle, es su manera de decir que hace años que no se dedica al trabajo sexual. “No reniego ni de mí misma ni de mi pasado”, pero aquellos fueron años convulsos y complicados para ella.

La crisis sanitaria, que obliga al confinamiento por la expansión del Coronavirus, le ha hecho revivir una serie de episodios que creía ya olvidados. “Es horrible… Horrible… Estoy recordando todo lo que aquellos días conllevaban… Detenciones, agresiones… Me da ansiedad”, narra Antonella. En los últimos meses se había mantenido activa con la realización de talleres presenciales y online, cursos como el que estaba haciendo en Lavapiés todos los miércoles.

Su historia empezó a los 5 años, cuando sabía que su sueño era ser mujer. “En todo momento tuve consciencia que era una chica y actuaba como tal”, a pesar de que su familia no le ocasionó ningún trauma, Antonella si tuvo que vivir largas temporadas de encierro forzoso para evitar agresiones. Durante los toques de queda en su país, cuenta que la policía golpeaban a quienes salían a la calle. “No es como este confinamiento… pero igual te recuerda aquellos momentos pasados”. A amigas trans de Antonella, las fuerzas policiales las golpeaban, las detenían, les cortaban el pelo, en definitiva, las humillaban.

“Cuando empiezas a querer mostrarte tal y como te sientes, es cuando empiezas a buscar tu camino hacia la libertad. Es entonces cuando te encuentras que la sociedad te encasilla como personas trans: o puta o peluquera. No te deja elegir otra opción y tenemos mucho que aportar”. Antonella es graduada en Marketing y Publicidad, pero se negó, en varios momentos de su vida laboral, a comportarse y vestirse como hombre, tal y como la obligaban. “Lo que no soy”, zanja. Lo que la sociedad tenía preparada para ella y su lucha interna en búsqueda de su libertad individual hicieron que viviera temporadas de contradicciones.

A su llegada a España vivió distintas discriminaciones, pero la que más le marcó fue la de un médico que se dirigía a ella durante toda la consulta en masculino. “No lo entendía, le pedía por favor que se dirigiera a mí en femenino y por mi nombre”, remarca, pero el doctor se negó y la humilló durante toda la atención. Finalmente, Antonella insistió en que le estaba faltando el respeto y sus derechos, a lo que el médico le negó la medicación. A pesar de su fortaleza, no pudo contener las lágrimas ante el ataque transfóbico que estaba viviendo.

Para este 31 de marzo tiene una petición especial: “Pido que las personas se conciencien de que somos seres humanos con nuestros derechos. Ojalá tuviéramos más facilidades para entrar a trabajar en cualquier empresa. Nuestra intimidad es privada y no debería de importarle a nadie”, en referencia a las múltiples preguntas personales que le han hecho. “Todavía queda mucho para que seamos libres”, acaba Antonella.

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Tránsito La realidad de migrantes trans: “La sociedad te encasilla, pero tenemos mucho que aportar”