Para Vitaly y su mujer, fue la luz brillante la que les despertó a las 4:30 de la madrugada del 24 de febrero. Luego llegaron las explosiones, cuatro seguidas, que sacudieron su casa de Odessa. Comprobaron sus teléfonos y vieron textos frenéticos de amigos en los que se decía que Rusia había lanzado una guerra contra Ucrania. Cada uno cogió una bolsa, se metió en su coche y condujo hacia el oeste.

Navegando por carreteras inacabadas, interminables colas para la gasolina y un tráfico que iba de un lado a otro en medio de las estruendosas sirenas de ataque aéreo, finalmente llegaron a la frontera entre Moldavia y Ucrania en la oscuridad total de la noche siguiente, dice Vitaly.

Miembros de la comunidad LGTBI+, sus partidarios y ucranianos-estadounidenses protestan contra la invasión rusa y muestran su apoyo a la ciudadanía de Ucrania, frente al Stonewall Inn en Greenwich Village, Nueva York, el sábado 26 de febrero de 2022. Richard B. Levine-Sipa USA/Reuters

Vitaly, que se identifica como trans* masculino, es uno de los pocos ucranianos trans que ha podido cambiar sus marcas de género en los documentos legales. (TIME ha accedido a la petición de Vitaly de utilizar un seudónimo porque teme ser perseguido si regresa a Ucrania). Tras la invasión rusa, los funcionarios ucranianos prohibieron a la mayoría de los hombres de entre 18 y 60 años salir del país. Sin embargo, Vitaly afirma que, cuando hizo la transición hace más de una década, se le expidió un carné militar que le declaraba no apto para el servicio militar, porque tenía que recibir un diagnóstico psiquiátrico como parte de la transición. Vitaly dice que mostró el documento a los agentes fronterizos, y a él y a su esposa se les permitió pasar por el puesto de control.

Pero salir de Ucrania no garantizó su seguridad. Vitaly y otros cientos de miles de refugiados ucranianos han huido a países de Europa del Este, como Hungría o Polonia, que han reprimido los derechos LGTBI en los últimos años. Las personas LGTBI también se enfrentan a la discriminación en Ucrania, pero Vitaly sabía cómo desenvolverse en su propio país. Una vez que salió de su casa, no sabía dónde estaría seguro.

Pero una amplia red de activistas y entidades LGTBI -que ya se habían organizado en respuesta a su creciente represión en Europa del Este- ha entrado en acción en las últimas semanas para apoyar a las personas refugiadas LGTBI ucranianas, ayudándolas a navegar por cada país que atraviesan escapando del conflicto en su país. Vitaly no está solo. El 8 de marzo, Naciones Unidas estimó que más de dos millones de personas habían huido de Ucrania desde que Rusia la invadió el 24 de febrero, con al menos 1.412.503 refugiados en Polonia y 214.160 en Hungría. No se dispone de datos sobre cuántos refugiados son LGTBI. Pero, conscientes de las posturas derechistas de esos gobiernos, los defensores de los homosexuales se han movilizado para apoyar a las personas refugiadas LGTBI que llegan, facilitándoles el acceso a una vivienda segura, al transporte y a la atención médica, y enseñándoles a desenvolverse en nuevos paisajes sociales, políticos y jurídicos.

“Ese era nuestro kit de supervivencia”, dice Vitaly. “Entender que no estás solo, y que la gente entiende tus necesidades y quiere proporcionarte la mejor manera de sobrevivir y estar seguro en su país en lo que respecta a los derechos LGTBI”.

Los defensores ya se están preparando para una lucha más larga. “Tenemos que asegurarnos de que las personas LGTBI que huyen de Ucrania se encuentran en un espacio seguro”, afirma Vyacheslav Melnyk, director ejecutivo del grupo polaco de defensa del colectivo LGTBI Campaña contra la Homofobia. “Y tenemos que recordar que la situación va a durar meses, si no años. Debemos seguir movilizándonos”.

Represión de los derechos LGTBI en Europa del Este
A medida que el populismo ha aumentado en Europa del Este, también lo han hecho los ataques a los derechos de las personas LGTBI.

En su clasificación de los derechos LGTBI en Europa, el grupo de defensa de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersexuales, o ILGA-Europa, sitúa a Hungría en el puesto 28 y a Polonia en el 43 de 49 países. “Los activistas y las organizaciones LGTBI de Hungría y Polonia son extraordinariamente valientes”, afirma la directora ejecutiva de ILGA-Europa, Evelyne Paradis. “Llevan años soportando la dura oposición de los representantes políticos y las consecuencias de las medidas anti-LGTBI. A falta de apoyo estatal y ante el aumento del odio, se organizaron y tomaron la iniciativa para ayudar a sus comunidades.”

En Hungría, durante los últimos años, los legisladores han definido legalmente el matrimonio como una unión heterosexual, han prohibido de hecho las adopciones por parte de personas del mismo sexo y han puesto fin al reconocimiento legal del género para las personas trans e intersexuales. En febrero, un juez húngaro dictó una sentencia consecuente que decía que un artículo que comparaba a un grupo de lesbianas con los pedófilos no dañaba su reputación, según el grupo de defensa de los derechos humanos Human Rights Watch.

En Polonia, el matrimonio y la adopción entre personas del mismo sexo también son ilegales, y en los últimos años unos 100 municipios han promulgado resoluciones no vinculantes que declaran las zonas “libres de LGTBI”, lo que ha provocado protestas y fuertes críticas de la Unión Europea.

“Lo que vemos en Hungría y Polonia es en cierto modo un reflejo de una tendencia más amplia que se centra en Rusia”, afirma Amie Bishop, asesora principal de investigación del grupo mundial de derechos humanos LGTBI Outright Action International. Las personas LGTBI están siendo demonizadas por sus gobiernos, argumenta, en nombre de la preservación de los llamados “valores tradicionales” como táctica para consolidar el poder y diferenciarse social, política y culturalmente de Occidente.

Tras la invasión rusa, muchos defensores LGTBI se quedaron en el país para luchar contra las fuerzas rusas y apoyar a su comunidad sobre el terreno, afirma Bishop, y añade que Outright Action International está asociada con al menos 16 grupos en Ucrania en estos momentos.

Algunas personas LGTBI, especialmente las mujeres trans, no pueden marcharse aunque quieran. Las personas trans en Ucrania pueden cambiar legalmente de género, pero el proceso es complejo y oneroso, y las personas que aún no lo han completado están ahora efectivamente atrapadas, dicen los activistas. Los grupos de defensa informan de que los agentes fronterizos rechazan a las mujeres trans porque en sus documentos figuran como hombres. Y las personas LGTBI ya se enfrentan a la persecución en su país. ILGA-Europa sitúa a Ucrania en el puesto 39 de su clasificación de derechos LGTBI en Europa, e informa de que en 2021 los grupos LGTBI ucranianos se enfrentaron a repetidos “ataques e intimidaciones” por parte de grupos de extrema derecha.

Localizar espacios seguros

A las personas LGTBI que consiguen llegar a Polonia o Hungría les espera un panorama social y político incierto. Melnyk afirma que los defensores de los derechos humanos llevan días caminando de puesto de control en puesto de control en la frontera polaca, repartiendo panfletos con información sobre cómo los ucranianos LGTBI pueden encontrar un refugio seguro en el país.

En primer lugar, la gente necesita refugio. Las entidades polacas de defensa de los derechos humanos, como la Campaña contra la Homofobia y Lambda Varsovia, han organizado bases de datos en las que se puede emparejar a las personas refugiadas con hogares acogedores para el colectivo LGTBI. Ambos grupos han organizado también centros comunitarios donde las personas refugiadas pueden conocer a otros ucranianos que huyeron de la guerra o que ya vivían en Polonia. Y sus esfuerzos se están intensificando: Lambda Varsovia ha recibido una subvención de 30.000 dólares de la organización mundial sin ánimo de lucro All Out para alquilar un piso destinado específicamente a alojar a las personas refugiadas LGTBI.

Otros trabajan por su cuenta, como la activista polaca Amanda Waliszewska. A pesar de vivir actualmente en Suecia, Waliszewska ha estado organizando alojamientos y difundiendo recursos en Polonia para las personas refugiadas LGTBI y BIPOC a través de las redes sociales. Incluso ha ofrecido la casa de su infancia como lugar para que la gente se quede, dice Waliszewska a TIME, ya que sabe que sus vecinos eran tolerantes con su propia identidad LGTBI.

En Hungría, el grupo de defensa Transvanilla Transgender Association ha estado organizando el alojamiento, el transporte y la comida para las personas trans y de género expansivo que llegan al país. Fue Transvanilla quien ayudó a Vitaly y a su esposa cuando llegaron a Hungría el 3 de marzo, completamente sin gasolina y sin dinero.

El grupo les dirigió a Karoly “Logor” Pluhar, que alojó a la pareja en su piso de Budapest. Les arregló el coche -que había recibido una paliza en las carreteras de montaña- y les dio dinero en efectivo. Pluhar dice a TIME que quería “ayudar a las personas que podrían tener problemas en Hungría si acuden a un refugio público”.

Vitaly y su esposa se quedaron con Pluhar sólo una noche, y al día siguiente continuaron hacia Europa Occidental. Muchos refugiados LGTBI han tomado la misma decisión, dicen los defensores, y han optado por dirigirse a países con políticas más respetuosas con el colectivo LGTBI, como Alemania o Dinamarca.

“Nadie quiere realmente venir a Hungría”, dice a TIME Krisztina Kolos Orbán, vicepresidenta de Transvanilla, sobre los ucranianos LGTBI con los que el grupo ha hablado. “Los que vienen quieren atravesar el país lo antes posible”.

Navegando por Polonia y Hungría

No todas las personas refugiadas tienen la capacidad o los medios para viajar más al oeste. Los activistas de Europa del Este, como Orbán, trabajan para que los que se quedan en Polonia y Hungría tengan acceso a los sistemas de apoyo que necesitan.

“Las personas LGTBI en la crisis de Ucrania, al igual que en otras emergencias humanitarias, se enfrentan a riesgos particulares”, afirma Human Rights Watch en un comunicado. Esto puede incluir la exclusión de los programas de ayuda porque su familia no se ajusta a la definición de hogar, o albergar un profundo temor a los sistemas formales “en particular si, como para muchos en Ucrania, han vivido bajo un sistema legal discriminatorio y se han enfrentado a acoso o amenazas en espacios públicos en el pasado”, afirma Human Rights Watch.

Julia Maciocha, presidenta del grupo de defensa polaco Warsaw Pride, ha recurrido a una coalición de activistas que lleva años organizando para satisfacer las necesidades de las personas refugiadas que llegan. Juntos, la coalición ha creado un sitio web en el que se detallan los lugares en los que las personas LGTBI pueden encontrar alojamiento seguro, tratamiento médico y otros recursos cruciales en al menos 10 ciudades polacas diferentes, afirma.

Los activistas también han trabajado para apoyar las necesidades de salud mental de las personas refugiadas LGTBI. El grupo de defensa Lambda Varsovia dice que ha contratado a psicólogos que hablan ucraniano o ruso para atender a las personas refugiadas que no hablan polaco o que no se sienten cómodas hablando de su identidad por miedo a la discriminación. También tienen traductores que hablan ucraniano en su centro comunitario que pueden ayudar a asesorar a los ucranianos LGTBI sobre sus derechos en Polonia. Y a medida que llegan más personas refugiadas, dice Maciocha, están aprendiendo más sobre las mejores formas de atenderlas. “Estamos obteniendo información sobre cómo podemos ayudar realmente a los que vienen a establecer una nueva vida”, dice. “Aunque sea temporal”.

Vitaly y su esposa llegaron a Berlín el 6 de marzo tras diez días de viaje. Están agradecidos a los defensores que les ayudaron en el camino, y esperan devolver el favor y apoyar a otros ucranianos trans, tanto a los que permanecen en la zona de guerra como a los que están dispersos por Europa. “Nos llamamos y apoyamos unos a otros”, dice Vitaly. “Así es como se construye nuestra familia trans a través de esta guerra”.

La pareja se aloja ahora en casa de unos amigos, reflexionando sobre cómo se destrozó su mundo hace dos semanas. “La vida se dividió tras estas explosiones y nunca volverá a ser la misma”, dice Vitaly. “Hemos perdido algo que no se puede recuperar”.

Fuente: TIME

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